
"No toque bocina, levántese más temprano". Es uno de mis stickers favoritos. Cuando me hallo en un atascadero (creo que inventé esa palabra), la fila de autos que se traza entre Bulevar Artigas y Avenida Italia enciende su mal genio. Los claxon no dejan respiro. Y, de entre el tumulto de Fiat de los años sesenta y los Peugeot 206, asoma un simpático escarabajo empolvado, del que resalta un letrero blanco. Es él. Los choferes impacientes no le prestan atención. Ya tienen las sombras que cuelgan de los ojos. Han despertado temprano, e intensifican el golpeteo contra el tablero. La fila no avanza, se encasilla y crece. La mitad de las víctimas distencionan los hombros, se producen silencios, y algunos giran la cabeza o estiran el cuello en busca del culpable. Cerca del semáforo se avecina un coche nuevo que, en su afán por avanzar antes que todos, ha colisionado contra un camión sin potencia de arranque.
Aunque intentes avanzar, siempre vas a encontrar alguien de la vieja escuela que se quede varado y te estorbe el paso. El problema no es que el camión viejo siga el ritmo que debe; el problema es que el auto nuevo siga su ritmo galopante y se empeñe en avanzar detrás del camión. Ocurre en Uruguay, y ocurre en EEUU.
Estados Unidos pone primera, y China va detrás con un vehículo grande y ligero. Estados Unidos se queja porque China hace sonar el claxon, lo empuja, y parece que se lo comerá vivo. Estados Unidos va en un camión viejo, con los mismos problemas de siempre: no le falta aceite, le falta aprender a repartir peso con otros vagones de carga. Un auto yin-yung-wa lo atropella por detrás. EEUU tuerce el cuello, hace una mueca y mira alrededor. Busca el culpable (fija la mirada en la lista: en los inmigrantes, en Inglaterra, en las petroleras. Hace otra mueca de desapruebo). Observa la cajuela destruida de su camión y el sticker -antes blanco- hundido. Sólo se vislumbra el "Levántese más temprano". Ya posa su mirada en el criminal que lo ha embargado por detrás. "Nuevos. Y más baratos", lee al reparar en el vehículo asiático. EEUU mira las llantas, luego al conductor. El hombre del yin-yung-wa se baja de su vehículo rosagante. Es más alto que el promedio de los asiáticos. Y rubio. Y su camisa versa: "I love America".
Vean el link que dispara las acusaciones, un artículo del New York Times:
http://www.nytimes.com/2010/10/10/us/politics/10outsource.html?_r=1&hp
pd: yin-yung-wa, qué gran nombre, aunque no exista.
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